En 2023, el 43 % de los estudiantes universitarios admitieron que utilizaban herramientas de IA para completar sus trabajos. En 2026, el 92 % ya utilizan la IA a la hora de estudiar. ¿Esto implica que se les puede acusar a todos ellos de fraude académico?

No, no necesariamente, tal y como afirma Anson Alexander en su investigación de 2026.

Según los datos publicados, solo el 18 % de los estudiantes utiliza las herramientas de IA para completar sus trabajos. ¿Qué pasa con el resto del grupo?

La encuesta muestra que el 89 % de los estudiantes que implementan la IA en su método de trabajo utiliza ChatGPT o chatbots similares para hacer los deberes, el 53 % los usa para los ensayos y el 48 % para los exámenes que se hacen desde casa.

Sin embargo, «implementar la IA» engloba una amplia gama de contextos. Por ejemplo, la lluvia de ideas y pedirle al chatbot que les explique el material o corregir el texto antes de entregarlo. La línea entre utilizar la IA como una herramienta moderna y útil y hacer un uso indebido de ella (lo que se conoce como fraude académico) es difusa y depende de cada institución o, incluso, de cada profesor.

Las cifras muestran que el 58 % de los estudiantes afirma que utilizan la IA como tutor online y no para engañar al sistema. El 48 % la implementa para la investigación y el 38 % para hacer lluvia de ideas. El 51 % de ellos reconoce que utilizar ChatGPT para los trabajos es hacer trampa, pero el 22 % lo hace igualmente.

Ahora bien, si hablamos del abuso obvio de la IA, que es cuando un estudiante entrega un trabajo hecho por la IA sin haberlo revisado siquiera, solo el 17 % de los trabajos en las instituciones educativas de EE. UU. y alrededor del 16 % de los trabajos en los colegios de Canadá están hechos por la IA. ¿Por qué decimos «solo»?

La investigación pone de manifiesto que, si consideramos que los trabajos generados íntegramente por la IA son el criterio de referencia para determinar qué es fraude académico, el número de estudiantes que intentan engañar al sistema no ha cambiado mucho. «En 2012, el 17 % utilizaba el teléfono para enviar las respuestas por mensaje de texto. En 2026, el 18 % utiliza la IA para presentar trabajos sin editar», indica el artículo.

Por otra parte, la investigación de Trinity Banter cita estadísticas de la revisión bibliográfica del estudio It’s Wrong, But Everybody Does it: Academic Dishonesty among High School and College Students (Está mal, pero todo el mundo lo hace: la falta de honestidad académica entre los estudiantes de secundaria y de universidad) en las que se afirma que el fraude académico ha aumentado de manera drástica a lo largo de los años.

«En 1941, Drake descubrió que el 23 % de los estudiantes universitarios admitían haber copiado. Goldsen (1960) informó de unos porcentajes del 38 % en 1952 y del 49 % en 1960. En la década de 1980, Jendrek (1989) estimó que el porcentaje habitual oscilaba entre el 40 % y el 60 %. En 1992, descubrió que el 74 % de los estudiantes universitarios cometían fraude (Jendrek, 1992). Más recientemente, los investigadores han informado de porcentajes de hasta el 90 % (Graham, Monday, O’Brien y Steffen, 1994). Estos porcentajes se refieren a los estudiantes universitarios». Por fraude académico, el estudio considera «cualquier conducta deshonesta como “copiar”, “falsificar” y “plagiar”, el robo de ideas y otras formas de propiedad intelectual, independientemente de si se han publicado o no».

Como se puede observar, la perspectiva y las cifras dependen en gran medida de lo que se entienda por «hacer trampa».

¿El fraude académico ha empeorado por culpa de la IA?

Mientras tanto, el 50 % de los estudiantes universitarios cree que las instituciones educativas deberían corregir los trabajos con IA para evitar la desigualdad. No obstante, al mismo tiempo, el 42 % de los estudiantes no confiaría en que las oficinas de admisión tomaran las decisiones usando herramientas de IA.

El 90 % de los estudiantes está seguro de que no los pillarán si cometen fraude académico. La investigación que han llevado a cabo el ETS (Educational Testing Service) y el Ad Council les da la razón: al 95 % de los estudiantes que hacen trampa al hacer sus trabajos no los pillan.

Aproximadamente el 85 % de los estudiantes encuestados confiesan que comenzaron a hacer trampa en secundaria. Esta tendencia demuestra lo importante que es establecer una cultura ética en la escritura y el estudio desde una edad temprana, ya que los estudiantes que comienzan a hacer trampa en el colegio lo siguen haciendo en la universidad e incluso influyen en los alumnos más jóvenes de primaria. Es más, el 59 % de los estudiantes admitieron haber hecho trampas en el primer año de estudios. En el segundo, el número ascendió al 95 % en el mismo grupo.

El 85 % de los estudiantes que admitieron que hacían trampa creía que era imprescindible. Sin embargo, la mayoría de ellos no lo hicieron con mala intención: entre las razones más populares para copiar se encontraban la falta de tiempo, el miedo al fracaso, la ansiedad u otros problemas de salud mental.

¿El fraude académico ha empeorado por culpa de la IA?

Sin importar los motivos, para cada intento de hacer trampa, hay formas y herramientas que pueden ayudar a los educadores en su lucha a favor de la honestidad académica y la igualdad de oportunidades para todos los estudiantes. A continuación, mostramos algunas de ellas.

  • Educar a los estudiantes sobre la integridad académica e implementar el código de honor. Cuanto más conscientes sean de este problema y de las consecuencias de hacer trampa, menos probable será que los estudiantes infrinjan las normas.
  • Dar a los estudiantes instrucciones claras y tiempo suficiente para hacer los trabajos. La clave está en ofrecer unas directrices transparentes, sobre todo con temas polémicos como ChatGPT. Los estudiantes deben saber que se espera que el trabajo sea original y auténtico.
  • Usar herramientas para detectar plagio, fraude en los trabajos, escritura fantasma (ghostwriting) e IA. En vez de perder tiempo y esfuerzo revisando trabajos redactados por robots o intentando distinguir entre trabajos originales y plagiados, los profesores pueden hacer que este proceso sea fácil y automático y, así, pueden centrarse en educar a sus alumnos y ayudarlos a crecer. PlagiarismCheck.org apuesta por la integridad académica y ofrece un conjunto de herramientas completo que cubre las necesidades tanto de los profesores como de los estudiantes.